¡Buenos días! Vengo a despedirme

 

Antes que nada, quiero despedirme de todos ustedes por si no los vuelvo a ver.

Ahora sí, ¡Buen día! ¿Cómo están?

Esta es la primera vez que nos vemos las caras, pero no podemos saber si será la última – no mientras estemos leyendo este texto – . Podemos tomar esto como una ventaja, o como una desventaja. Podemos aprovecharlo para hacer un pequeño juego; hagamos de cuenta por un rato que no somos humanos (parece complicado), ¿Que deberíamos abanador primero? Les propongo abandonar el miedo. Ni la razón, ni el amor. Les propongo despojarnos del miedo para dejar de ser humanos.

La razón es nuestra voluntad de coherencia, la  que nos propone ahogarnos en una discusión eterna, en un debate crónico, que dura el mismo tiempo que nuestras vidas – somos los monos con neuronas –. Pero la racionalidad se apuñala a sí misma en su obsesión por el claustro ¡Todo lo que no encaja no existe! Ese Mr. Hyde se llama racionalización; el terrible boicot que nos hace la mente. De esta manera, ¿Cómo podría nuestro mayor enemigo ser nuestro más grande aliado? La razón nos permite crear, pero no nos permite avanzar, ni un pasó siquiera. La razón es inconsistente – seguimos siendo monos – .

Hasta luego– Voy a saludarlos cada tanto, por las dudas.

Probemos dejando de lado el miedo, no el amor. El amor es inestable – no somos humanos porque amamos – falla como rasgo. El amor se acaba, el miedo no – somos humanos porque tememos – es lo único que persiste. No es la necesidad de amor, es el miedo a la soledad. No son las ansias de cariño, es el miedo al vacío. En última instancia, el miedo siempre determina al amor; no cabe dialéctica alguna. El miedo crea, y nos permite avanzar. El amor y la razón no.

Hasta luego– Ensayo este saludo antes de agotar las ultimas ideas (mi ocurrencia empieza a quedarse afónica).

El miedo es el sentimiento más puro y sincero que un ser humano puede experimentar, incapaz de ser viciado o corrompido, por nada ni nadie. Para dejar de ser hombres deberíamos dejar de sentir miedo, y eso es algo imposible. Podemos ser irracionales, podemos asesinar al amor, pero jamás podremos desterrar el miedo de nosotros; el miedo es nuestra esencia.

Así que amigos, solo nos queda respirar hondo, tomar aire y salir a la calle, y rogar que cuando volvamos a casa, cansados y con ganas de dormir, no se nos rompa ninguna pata de la cama.

Hasta la próxima– (esta vez tengo el presentimiento que nos vamos a volver a ver).

 

 

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